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Tú mi inspiración – Capítulo 1

Tu mi inspiracionNo puedo creer que este día haya llegado.  Voy a presentar mi arte en una exhibición en un museo localizado en el centro de la ciudad.  Soy una persona de alma libre y después de hader trabajado con diferentes empleadores por fin decidí pintar y vender mis creaciones.  Vivo modestamente pero soy felíz estoy haciendo lo que me encanta.  Como todas las mañanas mientras desayuno entro a las redes sociales.  Aprovecho y hago un “post” de mi presentación y luego me entretengo viendo lo que mis contactos han puesto y los de las figuras públicas de quienes soy seguidora.  En especial mi favorito, siempre comento en los post que hace.  Y aunque me imagino que tiene una persona responsable de sus páginas sociales, cada vez que comenta o le da “me gusta” a mis comentarios me emociono.  Pero bueno…así somos los fans.

Llego al museo y me dan deseos de llorar al ver mis pinturas con un letrero que dice mi nombre.  La organizadora lo ha arreglado tan bonito que no puedo dejar de tomar fotos.  Antes de entrar a la exhibición hay un área donde hay un libro con mis memorias para que los visitantes lean y un video con mi biografía.  Añado una que otra pintura más las cuales estaba tentativa en presentarlas o no ya que son desnudos, pero la organizadora me dio el visto bueno para exhibirlas y me alegro porque son mis obras más preciadas.

Al final del día la curadora del museo se acerca agradeciéndome por el volumen de visitantes que recibieron gracias a mi exhibición.  Me invita a cenar, así que quedamos en encontrarnos en dos horas en un restaurante muy lujoso.  Me preparo con un poco de prisa ya que me atrasé por culpa del tráfico, pero al llegar me indican que ella no ha llegado todavía, de igual maneran me llevan a una mesa.  Hay bastante conmoción en el restaurante y cuando me voy a levantar para ver qué es lo que pasa llega Rafaela.  – Disculpa Chiara el tráfico está horrendo – se disculpa.  – No te preocupes yo llegué hace unos cinco minutos – respondo.  – Parece que escogí un mal día para venir a este restaurante, como que hay mucha algarabía – dice ella levantando las cejas.  – Para mi no es molestia, pero si quieres vamos afuera – sugiero.  – Sí mejor, para poder conversar con tranquilidad – responde, así que le avisamos a la chica que nos atiende y nos cambiamos de mesa.

La cena está exquicita, el vino está fabuloso y la pasamos super chévere.  Como ya es tarde y mañana tenemos que continuar con la exhibición nos despedimos y nos marchamos.  -¡Rayos se me quedaron las llaves en la mesa! – digo en voz baja al no encontrar las llaves de mi auto y regreso.  Entre la chica que nos atendió y yo buscamos, pero no la encontramos.  Pienso y pienso y recuerdo que salí de prisa de mi auto, tal vez las dejé adentro, pienso.  ¡Lo último que me faltaba! Tomo aire y antes de regresar al estacionamiento voy al baño.

Cuando salgo ¡Pas! me tropiezo con alguien bañandome con su bebida. – ¡Ay disculpa, ando distraída! – me disculpo.  – Al contrario, disculpame a mí, mira como te he dejado – responde.  Al levantar la vista me quedo sin aire, siento que mi corazón deja de latir y mi cuerpo comienza a temblar…¡es Christian Hammil, mi figura pública favorita! – No te muevas déjame traer servilletas – dice apenado.  Estoy pasmada mirándolo, así que respondo diciendo que sí asintiendo con la cabeza.  ¡Dios mío esto tiene que ser un espejismo! pienso perpleja.  – Ten…chis… de verdad discúlpame.  Estaba escondiendome del bullicio y de  las fotos… gajes del oficio – dice poniendo los ojos en blanco.  Y  yo que le iba a pedir in selfie con él, pienso.  – ¿Qué puedo hacer para remediar este accidente? – pregunta.  – ¿Que tal si te vienes conmigo? – digo lo primero que se me ocurre y rápido me avergüenzo por el doble sentido del comentario.  – ¿Cómo? – pregunta haciéndome reír.  – Necesito ayuda para abrir mi auto, he dejado las llaves adentro y está cerrado con seguro…digo usted tiene fama de ser muy ingenioso – le explico.  Él comienza a reírse – Pensé que iba a pedir un autógrafo o una foto – dice entre risa.  – Bueno por supuesto que te lo iba a pedir pero como precisamente de eso le estabas huyendo, pues se me ocurrió  pedirte el favor de que me ayudes – respondo encogiéndome de hombros.  – Con mucho gusto, salgamos por la parte trasera para que nadie nos vea, me han permitido cruzar por la cocina, ¿está bien? – pregunta.  – Sí, no hay problema – digo incrédula, ¿realmente esto esta pasando? me pregunto.  – ¡Ah! soy Christian mucho gusto – dice antes de irnos haciéndome reír.  – Sí, ya se tu nombre…fan número uno – digo con jocosidad – Mi nombre es Chiara mucho gusto – digo extendiendo mi mano, él me mira pensativo y me estrecha la suya.  – Ya sé, mi nombre no es muy común – digo sonriendo y escuchamos voces que se acercan, así que nos marchamos….

Continuará…

 

 

 

 

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